Teresa de Cepeda y Ahumada es, ante todo, una de las grandes prosistas del idioma: el Libro de la vida, Las moradas y el Camino de perfección fundan una manera de escribir la experiencia interior en castellano llano, sin latines ni escuela. Pero también escribió verso, y lo escribió como quien canta: coplas, villancicos y glosas en metros populares, pensados para las hermanas de sus conventos y no para la imprenta.
De ahí vienen «Vivo sin vivir en mí», con su estribillo que hace del morir un deseo, y el «Nada te turbe» hallado entre sus papeles. Son poemas breves, de factura sencilla y temperatura altísima — la mística sin aparato. Reformadora del Carmelo y fundadora incansable pese a la enfermedad, murió en Alba de Tormes en 1582. Fue canonizada en 1622 y, en 1970, la primera mujer declarada doctora de la Iglesia.
1 poema en El Poemario
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Vivo sin vivir en mí
Glosa · Renacimiento