· Bitácora

Origen de la poesía

por El tesoro de la juventud o Enciclopedia de conocimientos

El Poemario

El libro de la poesía

Acaso comenzó la poesía la primera vez que el hombre sintió el deseo de cantar, para dar desahogo a un poderoso sentimiento de alegría o de tristeza. El instinto poético, el sentimiento, tiene sus raíces en el fondo de la naturaleza humana; y aunque en edades remotísimas no se supiera leer ni escribir, de alguna manera se buscó expresión adecuada para los diversos estados de ánimo, y ahí tuvo su origen la poesía. Desde luego se nos habla de los bardos, poetas que celebraban las victorias obtenidas por los guerreros, y que cantaban sus versos al son de la lira, escogiendo siempre las palabras más musicales, es decir, las que, en su rudo lenguaje primitivo, tenían un sonido más agradable. El príncipe de la poesía griega, Homero, que se supone vivió ocho siglos antes de Jesucristo, recitaba en público sus composiciones poéticas, describiendo las guerras de aquellos tiempos, que hoy conocemos generalmente con el nombre de tiempos heroicos. Todos los héroes legendarios de la antigua Grecia figuran en las poesías de Homero, el poeta ciego que iba de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo haciendo oir sus cantos épicos.

Y pues ya sabemos cómo comenzó la poesía, digamos algo de lo que significa ésta en nuestro lenguaje, en oposición con la prosa. En prosa nos expresamos comúnmente, y en prosa también escribimos de ordinario, cuidando sólo, al escribir, de que nuestro lenguaje sea más correcto que cuando hablamos. Podríamos hablar y escribir en prosa poéticamente, o sea, sirviéndonos de bellas imágenes, procurando escoger siempre las palabras más bellas, y atentos a la corrección más pura; es decir, que puede hablarse y escribirse como los poetas, pero sin hacer versos.

¿Y qué son los versos? Unos renglones cortos y desiguales, de palabras bellas que tienen cierta música, porque dichas palabras están ordenadas de modo que sus acentos se suceden conforme a ciertas leyes, y algunas coinciden en su sonido, produciendo una asonancia o consonancia y halagando nuestro oído con su armonía. Por ejemplo, podríamos decir en prosa poética:

« ¿Qué se hicieron las auras llenas de delicia, henchidas de perfume, que se perdían entre los lirios y frescas rosas que rodeaban el ameno huerto? »

Y en verso escribió D. José Zorrilla:

   ¿Qué se hicieron las auras deliciosas,
Que henchidas de perfume se perdían
   Entre los lirios y las frescas rosas,
Que en el huerto ameno en derredor ceñían?

De igual manera, se escriben versos que no son verdaderamente poéticos, ya por falta de inspiración y sentimiento, o bien porque tratran un asunto vulgar o festivo; pero, ello no obstante, en verso se expresan generalmente las ideas más hermosas, aquellas que, por su elevación moral, por su contenido de soñación, porque son hijas de lo que llamamos nuestro mundo ideal, o reino de la fantasía, requieren se expresadas en un lenguaje que se parezca a la música, el más puro y divino de los lenguajes.

Téngase presente que ahora, al tratar de la poesía en particular, nos referimos al lenguaje en verso, y exclusivamente a los versos poéticos.

Hay tres clases de poesía: la dramática, que es la que se escribe para el teatro; la épica; que se inspira en los grandes acontecimientos de la historia de los pueblos y nos habla de los héroes y las más famosas batallas, y la lírica, la más musical de todas, inspirada en hermosos sueños, en los más puros ideales, la que canta la vida. Se llama lírica porque con esta palabra se recuerda la lira de los primeros poetas, que no escribían sus versos, sino que los cantaban en la plaza pública.


*El tesoro de la juventud o Enciclopedia de conocimientos. Tomo I, p 116. Sección “El Libro de la Poesía”. - W.M. JACKSON, Inc., Editores.