- Forma
- Cuarteto
- Movimiento
- Contemporáneo
- Siglo
- XX
- País
- Venezuela
Genoveva es un cisne, que en la fresca mañana
muy sutil se despierta, el pico bajo el ala;
sus plumas con cuidado gentilmente acicala;
la miro, silencioso, detrás de mi ventana.
Genoveva no grazna, ni chilla cual salvaje;
nunca eleva su tono, solo lo necesario;
y las penas comunes de un vivir ordinario
las lleva con recato tras su noble plumaje.
Genoveva es un cisne de pico anacarado,
que a todos, muy risueña, saluda a su llegada;
y con las fuertes alas, serena y aplicada,
resguarda del mal viento aquel nido confiado.
Cuando a su prado llegan mapaches bulliciosos,
aunque turben el agua, los contempla con calma;
pues sabe que el sosiego que se guarda en el alma
no debe malgastarse en pleitos tan ociosos.
Genoveva es viajera, voló del norte al sur;
habitó en los desiertos, descendió a pantanales;
vivió en nieves perpetuas y auroras boreales;
subió por las montañas, y surcó el mar azur.
Un día Genoveva conoció a un oso pardo,
y de él enamorada, se fue a vivir a un lago;
y aunque fueron felices, todo acabó en estrago,
porque el oso y el cisne son como miel y cardo.
Como Dios es bromista, señor de niebla y brumas,
juzgó que, aun diferentes, un hijo engendrarían;
y les dio aquel pequeño que juntos amarían,
con su corazón de oso y de cisne las plumas.
Su príncipe adorado responde a nombre de hombre,
la faz dulce y jovial, muy tierna la mirada;
mas sueña con los bosques y la montaña helada,
pues lleva un oso dentro, aunque humano se nombre.
Genoveva es mi amiga, aunque soy diferente:
su voz parece un silbo; la mía, aquel ladrido
de un perro que en la noche vagó solo y herido;
mas basta con su ala posada sobre mi frente.
Genoveva es un cisne; su plata en mi pelaje
quedó como memoria de su amistad serena;
por eso vuelvo al lago cuando la vida apena,
para hallar en sus alas el descanso del viaje.